OT y los conservatorios

Pablo Bas – Compositor y gestor cultural

«Esto que estamos haciendo aquí le da mil vueltas a cualquier conservatorio» afirma un chaval del programa Operación Triunfo.

¿Cómo se atreve usted a despreciar la gran institución de los Conservatorios? un lugar para la creación y la creatividad, para el conocimiento musical, en donde uno tiene la oportunidad de desarrollarse como artista en el mundo real.

Solo pasando por el conservatorio puedes ser un gran músico, ¿verdad?

Pues no.

El conservatorio actual se ve teñido de grises, y unos grises muy oscuros, además. Para no generalizar en exceso, contaré exactamente lo que yo he vivido: clases sin luz, sin un edificio propio, sin aulas de estudio, sin pianos afinados, sin proyectores, sin sala de audiciones, sin biblioteca… y aunque una gran mayoría de profesores profesaban un fuerte amor por la educación musical de calidad, otros se jactaban de sus pocas proezas y, con aires de grandeza, te humillaban con su desprecio y malintencionadas posturas, consiguiendo incluso, en muchos casos, hacer llorar a algunos de mis compañeros.

Sí, en este caso sí: OT le da mil vueltas a los conservatorios, aunque no en formación musical.

Unas semanas en este reality de televisión debe ser toda una maestría en cómo funciona este «mundillo»: contactos, publicidad, discográficas, distribuidores, agentes, mánagers … y todos llamando a tu puerta tras solo unas semanas de dedicación.

En este sentido es cómo le da mil vueltas. Porque lo que esperas obtener no es formación ni investigación: es fama, triunfo, éxito y reconocimiento. Y además ofertado en formato exprés.

Pero las cosas no son tan sencillas. Pensemos, por ejemplo, en Juan Pérez Floristán, pianista de renombre que no estudió en ningún conservatorio. Rosalía, sin embargo, sí que lo hizo.

Si bien es cierto que los conservatorios enseñan música, no siempre quiere decir que formen buenos músicos. No aprendes a ser un buen cantautor, ni trabajas las letras, la escenografía, el vestuario… ni siquiera aspectos tan básicos como pueden ser los derechos de Propiedad Intelectual o el funcionamiento del negocio musical.

¿Está entonces este chaval equivocado en decir que una semana allí es mejor que largos años en un conservatorio?

¿Y si lo que pasa es que estamos acomplejados?

Cierto es que yo no cambiaría mi formación ni por un minuto de este tipo de fama. Porque no es la fama, sino lo que tras de ella se esconde: ser un mero títere en manos de los intereses de una cadena cuyo objetivo único es un récord en audiencia.

No olvidemos, además, que no siempre quien entra es quien más talento tiene, sino quien cuadra con un prototipo mainstream. ¿Cuánta gente con mucho más talento se quedará fuera y dejará de confiar en sus posibilidades?

Si este programa es mejor que los conservatorios, pues sí que han tocado fondo los conservatorios…

RESUMEN

Al bando del conservatorio: Espabilad!

Al bando de OT: No os flipéis!

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